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¿Es el entrenador? Cómo distinguir una mala temporada de un problema de compatibilidad
La mayoría de los “problemas con el entrenador” resultan ser una de tres cosas distintas: una mala racha, un problema de compatibilidad o un límite que se cruzó. Cada una requiere una respuesta diferente. Los errores costosos vienen de confundir una con otra, como cambiar de club por una mala racha o “darle tiempo” después de que se cruzó un límite.
Primero, descarta lo que se le parece
Varias cosas se sienten exactamente como un problema con el entrenador desde la orilla de la cancha y normalmente no lo son. Aclararlas primero es la diferencia entre resolver el problema y llevárselo a otro club.
Un problema de minutos de juego. Jugar menos duele, y es la razón más común por la que los padres empiezan a dudar de un entrenador. Pero los minutos son un resultado, no un diagnóstico. La pregunta útil es si tu hijo o hija sabe por qué y sabe en qué trabajar. Un entrenador que puede responder eso con claridad está haciendo su trabajo, aunque la respuesta no te guste.
Un problema de resultados. Una temporada perdedora dice muy poco sobre la calidad del entrenador en las edades más pequeñas, y a veces dice lo contrario. Los entrenadores que rotan posiciones, ponen a jugar a todos y piden a los niños salir jugando desde atrás van a perder partidos contra equipos que dejan al niño más grande arriba esperando el balón. Para un niño de nueve años, ese intercambio suele ser el correcto.
Un problema de equipo. Amigos en otro equipo, un grupito del que tu hijo queda fuera, o una plantilla que está un nivel por encima o por debajo del suyo. Son problemas reales y vale la pena resolverlos, pero otro entrenador no los arregla.
Un problema de punto de vista. Los padres ven partidos. Los entrenadores ven dos o tres entrenamientos por semana, y ven a tu hijo cuando tú no estás. Esa diferencia va en los dos sentidos. Significa que quizá te falta contexto, y también que al entrenador quizá le falta lo que tú sabes de tu propio hijo. Ninguno tiene el panorama completo, y por eso el primer paso casi siempre es una conversación y no una conclusión.
Un bajón de motivación. El interés por cualquier deporte sube y baja, sobre todo con los estirones, los cambios de escuela y la primera temporada en que la cosa se pone difícil. Un bajón que aparece en todas partes, en casa y en la escuela además del entrenamiento, probablemente no tiene que ver con el entrenador.
Señales de un verdadero problema de compatibilidad
Un problema de compatibilidad es un patrón, no un incidente. Un entrenamiento flojo, un comentario duro o un partido casi entero en la banca es información. Lo mismo cada semana durante un mes es un patrón. Una regla práctica es observar de cuatro a seis semanas antes de decidir cualquier cosa y anotar lo que ves, porque la memoria acomoda todo hacia lo que ya sientes.
Tu hijo deja de querer ir. Angustia antes del entrenamiento, un dolor de estómago que aparece los días de partido, alivio cuando se cancela una sesión por lluvia. Para los más pequeños, esta es casi toda la prueba. Un niño de seis años que quiere volver está en el lugar correcto, y uno que no quiere te está diciendo algo que ninguna evaluación te dirá.
Deja de arriesgarse. La niña que antes intentaba la jugada ahora suelta el balón lo más rápido posible. Eso suele significar que equivocarse se volvió caro, ya sea por gritos, por banca o por una mirada. Los jugadores se desarrollan intentando cosas que todavía no les salen, así que quien juega para pasar desapercibido dejó de desarrollarse, diga lo que diga el marcador.
Todo es corrección, o no hay comentarios. Las dos cosas son un problema. En un estudio pequeño pero muy citado de béisbol de Ligas Pequeñas (Little League), el 5% de los niños que jugaron con entrenadores capacitados en un enfoque de ánimo e instrucción dejó el deporte antes de la siguiente temporada, frente al 26% de los niños que jugaron con entrenadores sin capacitación. El récord de victorias y derrotas del equipo no fue distinto entre los niños que se fueron y los que regresaron. Ser exigente está bien. Los niños por lo general aceptan a entrenadores exigentes que también notan lo que hacen bien. Lo que los aleja es ser invisibles o estar mal todo el tiempo.
El entrenador no puede decirte en qué está trabajando tu hijo. Pregúntalo directamente. Un entrenador que conoce a tu hijo nombrará una o dos cosas específicas. Una respuesta genérica (“que siga echándole ganas”) después de varios meses significa que tu hijo está en la lista del equipo pero no en el plan.
Ustedes y el equipo quieren cosas distintas. Un niño competitivo en un equipo que se maneja como actividad social no es compatible. Tampoco lo es una niña que quiere jugar con sus amigas en un equipo que entrena como preacademia. Aquí ni el entrenador ni la familia están equivocados. Las metas simplemente no coinciden, y ninguna buena voluntad lo arregla.
No hay manera de hacer una pregunta. Los clubes ponen límites de comunicación por buenas razones, y la regla de esperar 24 horas después de un partido es de las mejores. Un límite no es lo mismo que una puerta cerrada. Si cada pregunta se toma como un desafío, la relación dejó de funcionar, sea cual sea la calidad del entrenador.
Lo que cuenta como compatibilidad cambia con la edad. Hasta más o menos los diez años, las preguntas son si tu hijo se divierte, toca mucho el balón y quiere volver. De los once a los catorce, si le están enseñando y entiende su función en el equipo. De los quince en adelante, el jugador debería llevar esta conversación, y la compatibilidad empieza a incluir el nivel y el camino a seguir.
Límites: cuando ya no es cuestión de compatibilidad
Algunas cosas no son problemas de compatibilidad, y el consejo de observar y esperar no se aplica a ellas. Se dividen en dos grupos.
Conducta que el club necesita saber ya, por escrito:
• La humillación como método: insultos, burlarse de un niño frente al equipo, señalar al mismo jugador una y otra vez
• Castigos pensados para asustar y no para enseñar
• Presión para jugar lesionado, o restarle importancia a un posible golpe en la cabeza
• Represalias después de que tú o tu hijo plantearon una preocupación
Conducta que se reporta, no se conversa:
• Contacto privado que tu familia no autorizó: mensajes de texto o mensajes directos a tu hijo sin incluirte, reuniones a puerta cerrada, traslados a solas en carro
• Regalos, atención especial o peticiones de guardar un secreto
• Golpes, jalones o cualquier otro daño físico
• Cualquier cosa de carácter sexual, incluidos comentarios, contacto o imágenes
El fútbol juvenil tiene reglas escritas sobre el segundo grupo. U.S. Soccer y sus organizaciones afiliadas siguen las Políticas de Prevención del Abuso de Atletas Menores (MAAPP) de SafeSport. La guía de SafeSport para padres dice que las interacciones uno a uno entre un adulto y un atleta menor deben ser observables e interrumpibles, que un padre u otro adulto debe estar incluido en todas las comunicaciones electrónicas, y que se te debe permitir ver las sesiones de entrenamiento individual de tu hijo. Un entrenador que le escribe en privado a un niño de diez años está rompiendo una regla, diga lo que diga el mensaje. Si no sabes si tu club está cubierto, pregúntale al director.
Situación
A dónde acudir
Cómo
Un niño está en peligro inmediato
Policía
Llama al 911
Sospechas abuso o negligencia
Departamento de Servicios para la Familia y de Protección de Texas (DFPS)
1-800-252-5400, o txabusehotline.org si no es urgente
Abuso o mala conducta de un entrenador u otro adulto en el deporte
U.S. Center for SafeSport
Report a Concern (informar una inquietud) en línea, o 833-587-7233
Conducta del primer grupo de arriba
Director de entrenadores o directiva del club
Por escrito, y guarda una copia
Dos puntos sobre los reportes. La ley de Texas impone el deber de reportar la sospecha de abuso infantil a cualquier persona con motivo razonable para creer que está ocurriendo, no solo a maestros y médicos. Y SafeSport pide que la sospecha de abuso infantil se reporte a las autoridades locales además de, y antes de, reportarla al Centro. Cualquier padre o madre puede presentar un reporte ante SafeSport, y el formulario en línea se puede usar de forma anónima.
No necesitas pruebas para hacer un reporte. Averiguar qué pasó les corresponde a quienes lo reciben. Esta sección es información general, no asesoría legal.
Un vistazo rápido
Lo que estás viendo
Lo más probable
Primer paso
Menos minutos de juego, y el entrenador puede explicar por qué
Mala racha
Pregunta en qué trabajar, trabájenlo y revisen en cuatro a seis semanas
El equipo pierde, pero a tu hijo le sigue gustando ir
No es un problema con el entrenador
Nada
Descontento en el entrenamiento, en casa y en la escuela
Algo más grande que el fútbol
Empieza con tu hijo, no con el entrenador
Lleva un mes o más sin querer ir a entrenar
Problema de compatibilidad
Habla con tu hijo y luego con el entrenador
Dejó de intentar cosas, le da miedo equivocarse
Problema de compatibilidad
Observa un entrenamiento y luego habla con el entrenador
El entrenador no puede decir en qué está trabajando tu hijo
Problema de compatibilidad
Pide una o dos áreas de enfoque. Si sigue sin respuesta: director de entrenadores
Tu hijo quiere un nivel distinto al que ofrece este equipo
Desajuste, sin culpables
Pregunta al club por un cambio de equipo en el siguiente periodo
Humillación, represalias, presión para jugar lesionado
Se cruzó un límite
Directiva del club, por escrito, ya
Contacto privado, secretos, daño físico, cualquier cosa sexual
Un asunto de seguridad
Repórtalo. Esto no se conversa con el entrenador
Tus opciones, en orden
Para un problema de compatibilidad, las opciones van de lo barato y reversible a lo caro y permanente. Recorre la lista de arriba hacia abajo en lugar de empezar por el final.
1. Habla primero con tu hijo. Haz preguntas abiertas y luego deja de hablar: qué es lo mejor del entrenamiento, qué es lo peor, qué es lo que más te dice el entrenador. Trata de no sugerirle la respuesta. Los niños le dan rápido a su papá o a su mamá la respuesta que parecen querer. Con los más grandes, pregúntales qué les gustaría que hicieras. Muchas veces la respuesta es “nada todavía”, y eso merece respeto.
2. Observa un entrenamiento. Los partidos te muestran resultados. Los entrenamientos te muestran al entrenador: cuántos niños están parados en fila, a quién se le habla y cómo, qué pasa después de un error. Una sesión completa te dice más que una temporada de sábados.
3. Habla con el entrenador. Pide una cita. No lo hagas en la orilla de la cancha ni dentro de las 24 horas siguientes a un partido. A partir de los doce años más o menos, lleva a tu hijo y deja que hable la mayor parte del tiempo. Empieza con preguntas, no con acusaciones:
– ¿Cuáles son las una o dos cosas en las que debería estar trabajando ahora?
– ¿Dónde lo ves dentro de este equipo para la primavera?
– ¿Qué necesitarías ver para darle más minutos?
– ¿Hay algo que debamos hacer en casa?
Después dale tres o cuatro semanas. Un entrenador que ajusta tras una conversación tranquila nunca fue el problema.
4. Acude al director de entrenadores (Director of Coaching). Es el paso correcto cuando la conversación no llevó a nada o no pudo darse. Lleva el patrón que anotaste, no adjetivos, y pregunta por opciones en lugar de consecuencias para el entrenador. Espera que el director vea cosas que tú no ves. Está equilibrando una plantilla, un cuerpo técnico y unos cientos de familias, y ha visto a este entrenador con muchos más niños que el tuyo. Espera también que el club defienda a los suyos por reflejo. Por lo general, las dos cosas son ciertas a la vez.
5. Cubre el hueco fuera del equipo. Cuando el problema es de desarrollo y no de ambiente, como un jugador que está bien en el entrenamiento pero al que no le exigen o no le enseñan, puedes agregar lo que falta sin cambiar nada. Puede ser un entrenador particular, una sesión en grupo pequeño o un plan sencillo que tu hijo siga en casa. Es la única opción que está por completo en manos de tu familia. No ayuda a un jugador que no quiere ir.
6. Pide un cambio dentro del club. Otro equipo con el mismo escudo suele ser la solución que menos altera las cosas. Tu hijo conserva las canchas, los amigos de otros equipos y el plan de cuotas. La mayoría de los clubes prefiere mover a una familia antes que perderla, aunque normalmente querrán hacerlo entre temporadas.
7. Termina la temporada y luego vete. Para un verdadero problema de compatibilidad, esta es la opción por defecto. Tu hijo cumple un compromiso con sus compañeros, te evitas el papeleo de media temporada y puedes elegir el siguiente equipo durante un periodo normal de pruebas (tryouts) y no a las prisas. La excepción es un jugador pequeño que la está pasando muy mal. Una temporada es muchísimo tiempo cuando tienes ocho años.
8. Cambia de club. Antes de dar por hecho que el cambio es posible, pregunta al encargado de inscripciones (registrar) de ambos clubes. Las reglas de transferencia y liberación varían según la liga y el nivel, y tu contrato de inscripción decide qué pasa con las cuotas ya pagadas. Luego ve a observar al equipo y al entrenador específicos con los que jugaría tu hijo, no al primer equipo del club ni su sitio web. Estás eligiendo a un entrenador, no un escudo. Pregúntale al nuevo entrenador cómo maneja aquello que salió mal la vez pasada.
Una advertencia sobre la última opción. Un segundo cambio puede ser mala suerte. Un tercer cambio en tres años normalmente significa que el problema viaja con ustedes, y vale la pena preguntarse cuál es.
Si deciden cambiarse
La forma de irse importa más de lo que la mayoría de las familias espera, porque el fútbol juvenil de cualquier zona metropolitana es un mundo pequeño. Los entrenadores cambian de club, los directores hablan entre sí, y es bastante probable que tu hijo se vuelva a encontrar con este entrenador como rival, en unas pruebas o en un futuro cuerpo técnico.
Díselo tú mismo al entrenador, brevemente, antes de que se entere por alguien más. Agradécele algo específico y verdadero. Sáltate la lista de quejas. Esa conversación ya la tuviste, o decidiste que no valía la pena tenerla. No reclutes a otras familias al salir, y mantenlo fuera de las redes sociales.
Cambiarse no tiene que significar subir de nivel. Para los más pequeños, un equipo menos intenso o una temporada de fútbol recreativo es una opción legítima y fácil de revertir.
Lo que le digas a tu hijo es lo más importante. Plantea el cambio como encontrar el lugar adecuado, no como escapar de una mala persona. Los niños repiten lo que oyen en el carro, y un jugador que aprende que una temporada difícil siempre es culpa del entrenador tendrá esa explicación lista para la siguiente temporada difícil.
Hay algo que se conserva en cualquier cambio de entrenador: el trabajo que tu hijo hace por su cuenta. Un equipo nuevo reinicia la plantilla, el rol y la relación. Las habilidades que construyó en el patio de su casa se van con él.
Fuentes
• Barnett, Smoll y Smith (1992), Effects of Enhancing Coach-Athlete Relationships on Youth Sport Attrition, The Sport Psychologist 6(2), 111–127 (en inglés)
• U.S. Center for SafeSport, MAAPP: Para padres
• U.S. Center for SafeSport, Report a Concern (en inglés)
• Departamento de Servicios para la Familia y de Protección de Texas, Report Abuse, Neglect, or Exploitation (en inglés)